miércoles, 22 de julio de 2009

Petra (Wadi Musa) > Wadi Rum Desert


De Petra a Wadi Rum Village/Wadi Rum Desert.

Wadi Rum, El desierto más bello del mundo. Un lugar que nunca olvidaré
El punto de partida fue Wadi Musa o el pueblo de Petra, tras la madrugadora visita del tesoro de Petra y la ciudad de los Navateos mi amigo Javi y yo volvímos al hotel donde habíamos quedado con un amable taxista nos llevó a Wadi Rum Village, el único lugar del desierto con un mínimo de civilización. En el viaje que duró poco más de una hora y media hicimos una parada técnica en la casa de un nuero suyo, donde vendían todo tipo de cosas. A mi me pusieron un pañuelo beduino que me ayudó bastante a combatir el calor. Tras unas espectaculares vistas desde la carretera hacia Aqaba, veo de repente los siete pilares de la sabiduría, a partir de ese momento presentí que el lugar que estaba a punto de visitar iba a ser realmente especial, y así sucedió.


En El Tesoro de Petra
Para llegar al campamento tuvimos que esperar en la casa del beduino que era el dueño del negocio (o eso parecía). Había dos voluntarias francesas que ayudaban a estas gentes a cocinar, y a más cosas que desconozco. Nos habían ofrecido una taza de té, y allí esperamos, ‘sentados’ en el suelo en una especie de colchón tomando té y hablando de la vida… El del taxi que se quedó con nostros hasta que nos llevasen al campamento nos contó que estaba jubilado y que había sido militar. Al poco rato aparece un chaval que como mucho podría tener 16 años, estaba totalmente dormido o drogado o no sé, pero tenía muy mala cara, más tarde lo pudimos corroborar, ya que se quedaba dormido entre las rocas y en ocasiones sobre el volante, menos mal que estabamos solos y que a pesar de no haber carreteras la posibilidad de chocar con alguien iba a ser casi nula.

La noche la pasamos en una jaima de beduinos y el transporte en el desierto fue en un 4×4 totalmente destartalado, que por cierto, arrancaba con un destornillador y que si va a pasar la itv en España, al dueño lo meten en la cárcel y sin fianza. A pesar de ello, creo que todo esto le daba cierto encanto a las excursiones. Visitamos lugares muy singulares, entre ellos varias y también lo que quedaba de la casa de Lawrence de Arabia.

Escribiendo en la arena
En este lugar al caer la noche, una fina capa de polvo acariciaba mis pies, la temperatura empezó a descender notablemente. En el campamento, al calor de una fogata y después de una cena de arroz con huevos y algo más que no recuerdo, me recosté y mientras escuchaba a un anciano del lugar cantando y tocando un instrumento de una sola cuerda contemplé atónito el inmenso mar de estrellas que tenía sobre mí…


Tuve la ocasión de disfrutar del silencio como muy pocas veces lo había hecho, a medida que iba avanzando la noche, se empezó a levantar un fuerte aire, que golpeaba fuertemente las lonas de mi haima. Sentí algo de miedo porque daba la sensación de que en cualquier momento ibamos a salir volando. Admito que tardé bastante tiempo en quedarme dormido pensando en que por allí podría aparecer cualquier tipo de animal inesperado o quien sabe que. Estaba en un lugar realmente extraño, lejano de cualquier atisbo de civilización y con una gente completamente extraña para mí. Aún así he de reconocer que ha sido una noche inolvidable y mágica...


En medio de la nada
Al amanecer hacía bastante frio, era una situación insólita y divertida sobre todo teniendo en cuenta que eran finales de julio.
Es curioso, pero en aquel lugar que estaba prácticamente para nosotros, nos encontramos a tres chicos también de Madrid, que habían coseguido alquilar un coche en Amán para ir a Aqaba, que era nuestro destino para subirnos a un Ferry con destino a Nubeiwa – Sharm-El-Sheik en Egipto. El viaje a Aquaba fue rápido y sobre todo divertido, ya que fuimos los cinco con maletas incluídas en un coche chino de imitación (en Jordania había muchos) pasando ciertos apuros sobre todo al pasar los diversos controles de seguridad que había en la carretera.






Mapa: Petra (Punto A)


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